En mis noches

Creo que era un día caluroso de junio. Iba a la biblioteca de la facultad a recoger algún libro o quizás a devolverlo, no recuerdo. Pasé por delante de secretaría esquivando a los estudiantes excitados por el final del curso y el comienzo de las vacaciones, cuando me topé con una amiga -bueno, ya me entienden- que se parecía a una actriz hija de cantante de banda de rock californiana. Yo estaba enamorado de ella muy mucho y ella no lo estaba nada nada. Nos conocimos porque nos pusieron juntos en un grupo de trabajo y teníamos que preparar un estudio sobre qué sé yo -algo de hongos, pero no alucinógenos creo- y eran todo chicas. Aquello era aburridísimo, yo pensaba que hablarían de cotilleos y tal pero las tías se lo tomaban en serio y estaban super concentradas en el maldito trabajo. Total, que me propuse boicotear con todas mis fuerzas aquellas reuniones formales. Me inventaba que había visto a tal profesor con tal profesora en su despacho, que los japoneses habían creado una máquina para adivinar si alguien estaba enamorado de ti, les contaba sueños sobre pies y su interpretación freudiana, etc. Sobre el trabajo no intervenía en ningún momento pero al final, cuando me preguntaban, entonces les hacía la observación más cruel y la crítica más negativa que obligaba a replantear el experimento. Yo creía que no me harían caso pero, como el primer día vi que me tomaban en serio, puse en práctica esta estrategia durante las reuniones. Al final acabaron odiándome todas mis compañeras menos ella, que se dio cuenta de mi actitud puramente infantil para llamar la atención y me cogió cariño. A mí me gustaba porque, al igual que esa actriz que les comentaba, parecía boba pero, a diferencia de la señorita hija de cantante de grupo de rock californiano que les decía, no lo era en absoluto. A mí me recordaba a las protagonistas de las historias de Henry James, frágil, lánguida, de mirada etérea, fría, distante. Pero yo sabía que en el fondo no era así porque en una excursión de Botánica que hicimos se sentó a mi lado en el autobús y cuando se quedó dormida aproveché para escuchar los latidos de su corazón mientras sonaba por la radio “En mis noches” de Pic-Nic. Y así pude comprobar que no era una aparecida ni ninguna zombie.

Aquella excursión fue muy divertida porque de los tres chicos que debíamos ir, sin contar el profesor, sólo fui yo porque los otros -les juro que yo no tuve nada que ver en ello- se pusieron enfermos. Ésto me recuerda, ahora que lo pienso, a la película “Dos en la carretera” jeje, aunque el final como imaginarán fue bien distinto. Por las noches nos escapábamos del monasterio -único sitio donde alojarse en la zona- y hacíamos botellón en una especie de prado que había cerca. A mí me encantaba beber de la misma Xibeca que ellas, y mira que detesto esa cerveza, pero me resultaba tan placentero… Luego, las chicas se empeñaban a realizar unos juegos bien curiosos que no conocía de nada y yo les seguía la corriente, siempre y cuando no implicase la pérdida de alguna prenda, porque después dicen cosas feas de uno y hay que mantener la reputación. [Les advierto que yo tenía intención de hablar sobre unos suecos que componen canciones bajo el nombre de Kuryakin; espero presentárselos en breve…]. Pero tampoco recuerdo demasiado, tan solo que perdí mi peine y luego al día siguiente llevaba unos pelos bien raros por ello. Además, Marta, la chica que se parecía a aquella actriz que se acaba de divorciar y que tiene un nombre parecido a otra actriz que también se ha divorciado un montón de veces y que hizo de Cleopatra en la gran pantalla y volvió loco a Montgomery Clift otras tantas, no me dirigió la palabra en todo el día, así que me pregunto qué pudo ocurrir aquella noche… Aunque cuando la encontré por los pasillos de la facultad estaba de mejor humor y me cogió de la mano -éste es el vínculo que enlazará con mi canción favorita del momento, que es de este grupo de chicos de Estocolmo que les comentaba- y escapamos juntos de aquella vorágine hormonal. Nunca antes me había llevado de la mano y al comienzo me violentó un poco, pero muy poco, casi nada vaya. Resulta que me quería contar algo, yo pensaba que sería… pero al final era que el año siguiente se iba de Erasmus a Saint Andrews, capital del golf, lugar donde hace mucho frío y llueve casi todos los días. Pero lo que más me preocupaba es que iba a coincidir con el príncipe Guillermo y me temí lo peor. Aquellas vacaciones fueron horribles, me tuve que tragar todos los programas del corazón de la tele y no podía dormir por las noches. Al final pasó ese año, regresó a Sabadell sin ningún anillo de compromiso, yo perdí su número de teléfono y… nos volvimos a encontrar en un congreso sobre especies de plantas endémicas que era un rollazo y al cual asistí exclusivamente porque mi intuición me dijo que ella también iría y… allí estaba, “¡qué coincidencia!”… pero ya no me cogió nunca más de la mano. Cada vez que escucho “Take my hand” de Kuryakin pienso en ella, qué canción más bonita, ¿verdad? Es pop electrónico, hipnótico, con sampleados atmosféricos, oníricos incluso. Podría escucharla repetidas veces -y puedo- sin cansarme. Ese sosiego, esa pereza, hacen que me dé ganas de coger la toalla y el bañador y dirigir mis pasos hacia las playas que, como diría don Julio, hay al sur del corazón.

Kuryakin – Take my hand

Kuryakin – Peace on mind

<º)))< <º)))< <º)))< <º)))< <º)))< <º)))< <º)))< <º)))< <º)))< <º)))<

BONUS TRACKS:

Bustamante – Sur del corazón

Pic-Nic – En mis noches

junio 28, 2008. Uncategorized.

2 comentarios

  1. pekeña bandolera replied:

    Los amores escolares -¡ahhh!-. Cuando era estudiante me encantaba un chico con quien coincidía en la biblioteca. La primera vez que lo vi, él estaba buscando la referencia de un libro en el fichero, me fascinaron sus dedos entre las tarjetas viejas y que se negara a usar el fichero electrónico. Luego, descubrí que era un handsome devil y me gustó más, pero nunca pasó gran cosa :(

  2. Semprún y Nada « Las cuatro esquinas del mundo replied:

    […] Para que no les quede un amargo sabor de boca, en homenaje a un amigo, les regalo dos canciones. Una de Julio Bustamante: Sur del corazón. (Si tienen problemas para escucharla, aparece en esta web). […]

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Trackback URI

A %d blogueros les gusta esto: