Un romantico a Milano

Según Laurence Sterne, uno de mis escritores favoritos, una persona viaja por una o varias razones que pueden derivarse de una de estas causas generales:

v Enfermedad corporal

v Imbecilidad mental, o

v Necesidad inevitable.

Yo siempre he detestado la figura del turista -deben tener en cuenta que vivo en Barcelona-, y aún más la de aquel turista que dice viajar para conocer nuevas culturas y enriquecer su visión del mundo. Cierto es que hoy en día la gente tiene un conocimiento de algunas lenguas totalitarias que le permiten comunicarse con los nativos y sentir como éstos te maldicen por tu falta de tacto y tu imperialismo pasivo, pero aún así la experiencia que el extranjero absorbe siempre está contaminada por múltiples filtros que imposibilitan cualquier intento, por muy voluntarioso que sea, de imbuirse de una nueva cultura. Y es que en el fondo todos los que viajamos somos un poco como Deborah Kerr en “Las minas del Rey Salomón”. En mi caso, lo único que me interesa es el propio viaje, la huida física de lo cotidiano, de lo conocido, por ello me da absolutamente igual si mi destino es Bombay, San Petersburgo, Tumbuctú o Saturno. Cierto es que los viajes alucinantes también me satisfacen pero el problema está en que uno siempre debe cuidar que las ventanas estén bien cerradas por si los impulsos peterpanescos son demasiado descontrolados. El caso es que cuando me comentaron de ir unos días al norte de Italia, lo primero que pensé es “qué pereza”. Claro que había el aliciente de ser el huésped de honor de mi gran amigo Roderic (por favor, pronúnciese con acento en la i, gracias), una especie de Marcello Mastroianni pirinaico catalán, y disfrutar de unos días de sosiego y tranquilidad espiritual en la bella Genova, ciudad que como mi Barcino no se decide nunca entre abrazar las cúspides montañosas o el mar en calma. Pero había un gran inconveniente, los italianos-italianas. De repente me vi rodeado de masas de jóvenes ataviados de Dolce&Gabbana, con prendas de color negro, luciendo un saludable moreno, zapatos brillantes y espaldas contundentes, escupiendo palabras y encontrándolo todo muy “bello”. También imaginé exquisitos escotes y eso me tranquilizó un poco, pero de repente vislumbré esos tacones horribles que nunca recomendaría ni a mi peor enemiga, desdeñables instrumentos de tortura sexista y auténticos insultos al buen gusto. Pero lo peor, lo que más me horrorizaba y aparecía en mis pesadillas eran esos graffitis en los que ponía “Senza te non vivo” o “Ti amo da morire”. Eso sí que no lo podría soportar, el romanticismo a la italiana, ese apasionamiento de baratija me daban náuseas, y por su culpa tuve que ausentarme casi una semana de mis deberes laborales. Por suerte, la medicina moderna está muy avanzada y con una cucharadita de un jarabe antes de cada comida -la merienda quedaba excluida- había suficiente para mitigar el regurgitado. Lástima que los empleados de la Staatssicherheit aeroportuaria me confiscaran mi medicina. Va fan culo! Una vez llegado a Italia uno se da cuenta que sus expectativas no solo se cumplen sino que encima lo hacen con creces. Un país gobernado por un capo mafioso, edificios empapelados por los señores D&G, carteles electorales que presentan a los italianos como indios de una reserva imaginaria, telediarios que se abren con la noticia de un empresario asesinado con un coche bomba, tertulias radiofónicas sobre la violencia de género, jueces que deben convivir con cámaras ocultas en sus despachos, humor que se ensaña con los maricas y los enanos, el maldito Calcio… Luego no es de extrañar que los pocos jóvenes civilizados que quedan deseen huir hacia el Paraíso español, donde el socialismo y el estado de bienestar han construido un modelo de Estado del que debemos estar orgullosos todos los españoles, catalanes y vascos también. Sobre música pop independiente italiana… no sabría muy bien como describirles la expresión de la cara del dependiente de una tienda de discos de Milano cuando le hice la misma pregunta.

Baustelle – Cinecittà

Fitness Forever – Mondo Fitness

mayo 3, 2008. Uncategorized.

4 comentarios

  1. Emilio replied:

    Ho vissuto 3 anni in Italia, mi pare sia Lei in po ingusto Cesc. A Genova sono stato parecchie volte ma davvero non e la citta che preferisco. Allora, cosa ne pensa di Carmen Consoli…? http://es.youtube.com/watch?v=hFO5BKJ2cPU

    Eh, me lo aspettavo. Un po una fisazzione personale, a me piace insomma.

    Saluti sterniane da Monaco,,, ma da Monaco in Bavaria!!. E la musica indipendente tedesca, dov´e?

  2. Emilio replied:

    Ci riprovi pero

    http://es.youtube.com/watch?v=xGKUbUJTVH0

  3. Emilio replied:

    Al meno, Lei deve riconoscere che la ragazza e brava http://es.youtube.com/watch?v=gLkONVcfvNg

  4. Cesc replied:

    Lleva razón Emilio, quizás he sido un poco duro en mis críticas pero le juro que no he exagerado nada, en los pocos días que he estado allí esa ha sido mi impresión inmediata. Siento haberle herido los sentimientos, no era mi intención como imaginará…

    Sobre Carmen Consoli, pues la verdad es que tiene una mirada que me recuerda a Jeanne Moreau, no la conocía la verdad… debo escucharla más atentamente porque me pierdo un poco con el italiano :)

    De música independiente alemana le recomiendo The Honeyheads (http://www.myspace.com/honeyheads), que acaban de publicar un disquito en Cloudberry; Alaska (http://www.myspace.com/alaskahamburg), poco más conozco…

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