Chicas enamoradas

Siempre me han parecido poco creíbles las cantautoras altas, delgadas y atractivas que hacen ver que son tímidas, ingenuas y frágiles. A la memoria me viene por ejemplo Isobel Campbell. Y también me recuerda a un cuento de los del comienzo de Katherine Mansfield cuya protagonista era extremadamente delicada y la narradora no la soportaba y la ponía a caldo. Siento no poderles decir el título porque el libro lo tengo en casa de mis padres y mi memoria para estas cosas no es muy buena. El caso es que el rollo este de chica virginal, hipersensible, capaz de tirarse a un lago si el novio la abandona y de desmayarse a la más mínima funciona en los cuentos victorianos y en las novelas góticas pero en la actualidad huele a farsa por todos los lados. Claro está que a los chicos nos pone que una rubia de larga melena y vestido de gasa nos mire parpadeando con unos enormes ojos acuosos -lágrimas artificiales, siempre-, supongo que nos ponemos en la piel de Lancelot, Perceval o Tirant lo Blanch y nos imaginamos cabalgando por páramos pintados de brezos. Pero normalmente estas Ginebras y Carmesinas suelen ser de aspecto bien distinto y casi siempre invisibles para los chicos no experimentados. Son chicas cuya discreción esconde un tesoro, el cual pocos se atreverán a buscar. Tímidas, de voz dulce y habla pausada, muchas veces con flequillo, con anchas caderas y enorme corazón, escondiendo la mirada detrás de un libro, siempre fueron aquellas compañeras del colegio o del instituto que nadie recuerda, a las que todos pedían los apuntes porque su letra se entendía y utilizaban muchos colores para estructurar el contenido, y que siempre te sonreían cualquier tontería que dijeras -aunque pensaran qué estúpidos que son los chicos-. Esas chicas son las más sensibles y delicadas que he conocido nunca -salvo una excepción- y a veces me pregunto qué puñetas hacía sublimando a aquella que tenía unas voluptuosidades tan generosas como las que aparecían en las revistas americanas, en vez de prestar atención a la que se sentaba justo en frente mío y colocaba hojas con margaritas entre mis apuntes en las que escribía frases bonitas, y cuando mi compañero y yo comentábamos nuestras fantasías de física mecánica se giraba y nos miraba con cara como diciendo “pero ya estáis otra vez babeando con esa estúpida”. Claro que ella no me invitó a bailar en ninguna fiesta de fin de curso, aunque seguramente tampoco me hubiera dejado a los quince minutos por el italiano de turno quince años mayor.

The Local Heroes – The years to come

abril 10, 2008. Uncategorized.

One Comment

  1. fernanda replied:

    alaaa!

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