Un conjuro que me lleve hacia ti (primer intento)

El sol estaba ya muy bajo, y sus alargados y amarillentos rayos penetraban por la ventana. Si eran dos las horas que necesitaba para vestirse para la fiesta, ya era hora de empezar. Dado que tenía intención de ponerse aquellas finas ropas, no era cosa de quedarse sentada y esperar. Muy lentamente, se dirigió al baño donde se quitó los cortos pantalones y la camisa y abrió el grifo del agua. Se frotó las partes ásperas de los tobillos y rodillas, y especialmente los codos. Hizo durar el baño todo lo que pudo.

Corrió luego desnuda a la habitación y empezó a vestirse. Se puso la ropa interior y las medias de seda, e incluso uno de los sostenes de Etta, por puro gusto. Luego, muy cuidadosamente, se puso el vestido y se calzó los zapatos. Era la primera vez que se ponía un vestido de noche. Se quedó largo rato contemplándose en el espejo. Era tan alta que el vestido le quedaba dos o tres centímetros por encima de los tobillos, y los zapatos le venían tan justos que le hacían daño. Siguió contemplándose largo rato en el espejo, hasta que finalmente decidió que, una de dos, o parecía una mema, o estaba muy hermosa. Una cosa o la otra.

Se peinó el cabello de seis maneras diferentes. Los remolinos constituían un pequeño problema, así que se humedeció el flequillo y se hizo tres bucles. Por último se encasquetó la diadema y se maquilló y pintó los labios generosamente. Al terminar, levantó la barbilla y entrecerró los ojos como una estrella de cine. Lentamente volvió la cabeza hacia un lado y hacia el otro. Estaba hermosa, francamente hermosa.

Pero no se sentía ella misma. Era alguien completamente diferente de Mick Kelly. Faltaban dos horas para que empezara la fiesta, y sintió vergüenza de que nadie de su familia la viera vestida con tanta anticipación. Entró nuevamente en el baño y cerró la puerta. No podía arriesgarse a que se le arrugara el vestido sentándose, de modo que permaneció de pie en medio de la habitación, sintiendo como si fuera creciendo su excitación presionada por las paredes de aquel estrecho cubículo. Se sentía tan diferente de la vieja Mick Kelly que supo que aquello iba a ser lo mejor que le sucediera en toda su vida, aquella fiesta.


Carson McCullers, El corazón es una cazador solitario

The Hit Parade – Forever

noviembre 27, 2007. Uncategorized.

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