Perdido y no encontrado

Dicen que siempre hay que realizar lo necesario antes de que se convierta en imprescindible y esencial. Eso debió pensar Bonifacio López aquella tarde de viernes cuando decidió que un poco de diversión no le haría nada mal. Tantos días encerrado en su cuarto preparando las oposiciones a veterinario podían ser garantía de un aprobado en los exámenes pero también de una úlcera gástrica más que segura, sobretodo teniendo en cuenta la dieta a base de cafés y demás estimulantes. Así que nuestro protagonista se puso a planchar sus pantalones tejanos con la raya bien recta, buscó su camiseta de Barrio Sésamo y le puso su chapa preferida con el logo Passion Victim, se calzó sus zapatillas punkies, se peinó lo justo, se perfumó un poco con la esencia de jazmín que le regaló su madre y se encaminó hacia el portal. Esa noche tocaban The Archers en una sala de Cornellá y como su música cáustica y dispersa le interesaba mucho se dirigió todo lo rápido que pudo hacia allí. Recordaba que cierto autobús hacía el recorrido desde el centro hasta esa periferia y aunque dudó en coger un taxi, sólo de pensar en la estúpida conversa que le esperaba con el conductor, al final desistió. Cuando llegó a la parada indicada oyó el canto de una curruca cabecinegra y incrédulo se puso a seguirla con la vista hasta que dio con ella. Qué pájaro tan curioso, pensó, qué debe hacer por aquí con este ruido, pobre insensato. Entonces llegó el autobús y rápidamente subió a él, menos mal que esta vez no tardó nada. Sin embargo nuestro colombino protagonista no se percató que en su intento de perseguir a la pobre curruca había ido a parar a la acera contraria y por tanto se dirigía en sentido opuesto. Mientras tanto, él iba anotando con sumo detalle en su libreta de notas el día, el lugar y la hora en que había presenciado a su preciado pajarito, el tiempo que hacía y la temperatura. También hizo un esbozo con su carboncillo del plumífero animal y lo firmó a un lado. Cuando despertó de su sueño ornitológico no había nadie más en el autobús y por los cristales no había rastro de urbe alguna. Al preguntar al conductor si iba a Cornellá, éste le respondió que se temía que no, era el último vehículo y se dirigía a las cocheras. Bonifacio puso cara de asombro y estupefacto se bajó allá mismo, a su alrededor pasaban los coches a velocidad vertiginosa y los esquivó como pudo. Guiándose por la Osa Mayor o lo que él creyó que era, llegó a una caserna de la Guardia Urbana. Al explicarles su situación le propusieron que cogiera otro autobús que paraba justo en la esquina, aunque no le podían asegurar que pasara a esas horas de la noche. Como todos sabemos, los agentes del orden son gente muy sabia y efectivamente no se equivocaban, el último hacía al menos media hora que había parado. Allí perdido, nuestro protagonista se encomendó a todos los satélites de posicionamiento global para que le ayudaran a escapar de ese laberinto. No podemos decir que éstos le escucharan pero una pareja de yonquis que deambulaban por allí sí. Cuando Bonifacio les preguntó si sabían como podía llegar a su hogar, éstos le respondieron amablemente que no se preocupara y les acompañara. Y así lo hizo, qué remedio.

Television Personalities – Geoffrey Ingram

junio 10, 2007. Uncategorized.

Dejar un comentario

Be the first to comment!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Trackback URI

A %d blogueros les gusta esto: