Buck Fush o creo que otra vez me he vuelto a desviar sobre lo que tenía pensado escribir

Ya sé que puede parecer una tontería pero desde que en los Estados Unidos gobierna el señor arbusto y sus esbirros, han dejado de surgir grupos de indie-pop interesantes y parece que el panorama musical de ese país haya sido aniquilado por alguna fuerza maligna. Desconozco qué relación puede existir entre ambas situaciones pero desde que ese c***** se hizo con el poder nada ha vuelto a ser igual y algo debe ocurrir con la juventud estadounidense porque ya no se oyen ecos de aquellos felices años en los que gobernaban los demócratas. Cierto es que la industria musical ha cambiado mucho desde entonces pero lo que está ocurriendo no es normal y no puede deberse únicamente al auge de los programas de intercambio de ficheros de audio ni al descenso de las ventas de discos. Me pregunto ésto mientras escucho el disco Your Future de Godzuki y me invade una profunda tristeza, así que dejaremos estar estas cuestiones trascendentales por el momento. Hoy realmente estoy fatigado, creo que me acostaré temprano y dejaré mi apetito para mañana. Mientras suenan esas fantástica melodías retrofuturistas llenas de imaginación y talento siento como el límite entre el sueño y la vigilia se hace cada vez más estrecho. Me distrae una simpática polilla cuyo torpe volar me encandila sobremanera, hacia donde irás pequeña y frágil criatura, tan efímera es tu existencia y sin embargo con qué gracia la sobrellevas. Mientras se eleva lentamente desafiando a la ley de la gravedad con esa pereza contagiosa siento como mis ojos van entrando en una misteriosa penumbra…

Los rayos de sol y la humedad me despiertan y un embriagador perfume me sacude, dónde me encuentro, qué hago aquí estirado sobre la hierba cubierta de rocío. La cúpula celeste se oculta bajo el follaje de unos solemnes tilos, situados a ambos lados del camino que diviso en frente y que parece no terminar nunca. Me levanto, realmente estoy sobrecogido, será mejor que siga adelante hasta que encuentre a alguien que pueda resolver mis dudas. A unos escasos metros parece que se encuentra un niño jugando cerca del camino. Voy corriendo hacia él, espero que no se asuste. Perdone caballero, sería tan amable de decirme dónde me encuentro. Ya sabía yo que no iba a ser fácil comunicarme con él, no me presta la menor atención. Resulta que está absorto contemplando a un grupo de diminutas hormigas que se abalanzan sobre un atemorizado escorpión, el pobre intenta defenderse en vano dando coletazos con su aguijón pero creo que su fin no se demorará demasiado. Entonces el chico me pregunta si no me sorprende lo que estoy viendo, ciertamente sí le respondo. Me dice que las hormigas, a pesar de su tamaño y su insignificancia, son seres sumamente inteligentes y que al actuar en grupo y todas a la una son invencibles, lo cual me da que pensar. Insisto en preguntarle si me puede informar del lugar en el que estoy y por fin parece que mi pregunta encuentre cobijo entre tanta excitación. Resulta que todo lo que me rodea es propiedad del señor Norta, cuya mansión se encuentra al final de ese camino. Le doy las gracias y como intuyo que no piensa acompañarme me despido y dirijo mis pasos hacia ese lugar. Una vez allí, el impasible y barroco edificio me muestra toda su decimonónica majestuosidad, por suerte la puerta se encuentra abierta y no se me ocurre mejor idea que entrar. Pregunto si hay alguien y después de un largo silencio se me acerca sigilosamente una dama con el pelo recogido y la mirada penetrante, parece ser la criada. Se llama Iliana y me comenta que el señor me estaba esperando, no salgo de mi sorpresa pero prefiero esperar a los acontecimientos, así que la acompaño. Me pide que espere en el salón, se ve que el señor Norta está atareado en la biblioteca clasificando unos libros. Las paredes están cubiertas de cuadros de familiares y me llama la atención uno en el que aparece la figura de una joven de larga melena color azafrán. Sus verdes ojos se desdibujan frente a la prominente nariz, que confiere a su rostro de porcelana una belleza turbadora. Me pregunto quién será, quizás se encuentre en aquel edificio o puede que su alma vague por aquellas habitaciones. Estoy sumido en placenteros pensamientos cuando noto la presencia de alguien en el salón, debe ser el señor Norta. Me da la bienvenida y me dice que se alegra que haya llegado, se ve que pensaba que finalmente no me presentaría, realmente no tengo la menor idea de lo que me cuenta. Se interesa por ciertas investigaciones que se supone que estoy realizando sobre las Campanuláceas, resulta que él es muy aficionado a la jardinería y me alienta a que le cuente mis avances. Bien, le seguiré la corriente, le explico algunas curiosidades y me sorprende la atención que me presta. Por suerte, parece ser que es la hora de cenar, tengo mucha hambre y es un milagro que aún no haya desfallecido. Nos sentamos y me pide disculpas porque Ariadna se ausentará esta noche, se ve que está un poco triste estos días y no tiene apetito. Le contesto que no se preocupe, ya tendremos tiempo de vernos. Seguimos hablando de jardinería, yo la verdad es que no tengo ni idea pero debo estar disimulándolo a la perfección, empiezo a aburrirme cuando oigo los misteriosos acordes de lo que parece ser una kora. Le pregunto al señor Norta qué es esa música, estaba en lo cierto y quien lo toca es Ariadna, se ve que es aficionada a coleccionar instrumentos del mundo, qué interesante, cada vez tengo más ganas de conocerla.


Mi anfitrión está cansado y damos por terminada la cena, el faisán estaba delicioso y la tarta de queso también. No tengo sueño pero no se me ocurre otra alternativa, Iliana me acompañará a mi habitación. Una vez dentro me dice que debo cerrar con llave y me informa que mañana a las nueve es el desayuno. Le doy las buenas noches y espero a que se marche, cuando dejo de oír sus pasos decido seguir aquella melodía misteriosa por entre los pasillos, qué otra cosa puedo hacer sino. Grandes espejos ocupan las paredes y todas las habitaciones parecen cerradas, espero no perderme. Cada vez la melodía parece más cercana, al girar veo una tenue luz, debe ser la habitación de Ariadna. Me armo de valor y me acerco a la puerta, no está del todo cerrada, doy unos golpes y pregunto si puedo pasar. Una voz aniñada me pide que entre, sin duda es la chica del retrato, un translúcido camisón cubre su esbelta figura dejando entrever unas bellas rodillas y su largo pelo se deja caer como una salvaje cascada. Se disculpa por no habernos acompañado en la cena, espera que no esté enfadado. Le respondo que no lo estoy en absoluto, simplemente no podía dormir y pensé en caminar un poco hasta que vi la luz de su estancia. De repente se oye un pequeño estruendo detrás de la ventana, rápidamente Ariadna la abre y ante nosotros se presenta una solemne lechuza que nos mira con altiva indiferencia, entre sus garras se encuentra un pequeño ratón de campo muerto. Ariadna parece afectada y cierra la ventana de golpe, se pone a llorar y se lanza sobre su cama, intento consolarla pero me pide que me vaya, cuando se le pase la sobreexcitación ya vendrá a verme, para ello no debo cerrar la puerta con llave. La obedezco cortésmente, no puedo dejar de pensar en su feminidad pero debo marcharme. Camino por desiertos pasillos, alma triste, alma triste, métete por donde saliste. Pero como no podía ser de otro modo, resulta que me he perdido, no tengo la más remota idea de dónde me encuentro. Bueno, seguiré a ver si veo alguna salida a este vergonzoso destino. Giro la cabeza hacia uno de los espejos y parece que la desesperación se haya apoderado de mi rostro, me asusto ante lo que parece un autorretrato de Francis Bacon y empiezo a correr hacia ningún lado cuando resbalo y caigo sobre el frío suelo… Un fuerte golpe me despierta y enciendo la luz, el disco de Godzuki sigue dando vueltas a 33 rpm incansablemente. Bienvenido de nuevo a la realidad.

abril 7, 2007. Uncategorized.

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