La dulzura de este dolor

Uno de mis cuentos infantiles favorito es The Light Princess de George MacDonald, amigo íntimo de Lewis Carroll. En él una pequeña princesa padece el hechizo de una malvada bruja que hace que durante el día duerma y sólo durante la noche esté despierta, siguiendo su belleza el curso de las fases lunares, únicamente cuando un príncipe logre besarla el embrujo desaparecerá. La providencia hace que por esas tierras se encuentre uno que se dirige a su país para evitar una revuelta y en una noche de luna llena se encuentra a la princesa danzando descalza sobre la hierba, llena de vitalidad, y queda prendado de su esplendor. Durante unas cuantas noches consecutivas acude al mismo lugar hasta que se decide a hablar con ella, pero la princesa no llega a contarle su desgracia. Una hada buena se da cuenta de que el chico se ha enamorado y intenta prevenirlo de que vuelva a ver a la princesa pues se acerca la fase de luna nueva cuando ella tiene un aspecto envejecido y sus fuerzas flaquean pero él hace caso omiso. Entonces ocurre lo inevitable y el príncipe observa en el bosque una anciana y acude a socorrerla, y al besarla se produce el milagro y aquella señora mayor, débil y enferma, se transforma en la bella princesa. Les he contado esta historia porque es un claro ejemplo de la fascinación que sentimos los seres humanos por este pequeño satélite que gira alrededor de nuestro planeta. Como es lógico, en el mundo de la música también se ha reflejado esta admiración por la luna y hay cantidad de canciones donde su nombre aparece, algunas más famosas que otras y unas más memorables también. La que hoy he escogido es una más de entre ellas, pero para mi es una de las melodías que más quiero y es que cada segundo logra conmoverme hasta el éxtasis. Me refiero a Moon Song de My Bloody Valentine, canción que cerraba magistralmente el EP Tremolo. Se ha escrito mucho sobre el álbum Loveless, disco que se editó con posterioridad, y auténtica obra magna del pop de todos los tiempos, sobre su largo proceso de gestación, que a punto estuvo de arruinar a Creation Records, que Alan McGee pagó de su bolsillo parte de los costes de grabación, etc. Aunque parece ser, si nos atenemos a las palabras de Kevin Shields, auténtico cerebro de la banda, que todo ello forma parte más de la leyenda que se ha fraguado en torno a este disco que de la realidad. De todos modos, lo importante es la música y en él hay canciones maravillosas, auténticos himnos del pop inglés que han traspasado el mundo independiente hasta llegar a las masas, y que inevitablemente han conseguido eclipsar los temas que grabaron a mediados de los 80 y canciones como Moon Song. Y es una pena porque a mi parecer es en ella donde se muestra más claramente el genio de este irlandés errante que es Kevin Shields. Nunca antes una bossa nova había sonado tan dulce y fantasmagórica a su vez y pocas veces una canción ha logrado transmitir la confusión del enamorado de un modo tan poético, casi místico.

febrero 6, 2007. Uncategorized.

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