No me golpees tan fuerte niña

Federico se encontraba aquella tarde en el trabajo preparando unos informes que debía entregar a la mañana siguiente a una importante consultora. De repente, sintió unas ganas irrefrenables de estar con Sukie, así que la telefoneó y quedaron. Se aproximó a la ventana para llamar a Totoro varias veces pero este no apareció así que decidió coger un taxi. El conductor le estuvo contando que se aproximaba una crisis porque en las calles prácticamente no circulaban vehículos. Federico le respondió que probablemente por eso los plátanos se morían también y los olmos igual. El taxista le contó que así era, que la crisis estaba matando a los árboles y que habría que plantar setas para ayudarlos. Era una buena idea pensó Federico. Aunque también podían plantarse algunos almeces y baobabs. Y leones, panteras, puerco espines, elefantes y jirafas. Sonaba genial pero al taxista no le agradaba demasiado la idea, aunque el hecho de que su cliente no hubiera pensado en los hipopótamos era un alivio. Entonces entró un mosquito vegetariano hembra en el vehículo y el conductor al intentar matarlo perdió el control y estrelló el coche contra una plaza de toros, atropellando por el camino a unos cuantos defensores de los animales, incluida una modelo. Federico pagó lo que debía y sin esperar el cambio fue corriendo a buscar a Sukie. Al llegar al hotel el recepcionista le explicó que en esos momentos ella estaba trabajando. El pobre Federico tuvo que esperar otra vez y para hacer tiempo se puso a cantar canciones de Buddy Holly con el acompañamiento de un par de cucharas y el barman a los coros. Después de la media hora de siempre, subió a la habitación por las escaleras cruzándose con una señora con vestido azul turquesa estilo Jacqueline y collar de perlas del Pacífico norte que le miró descaradamente la entrepierna, lo cual hizo ruborizar a Federico. Picó varias veces a la puerta y Sukie lo hizo pasar. Acostada sobre la cama con el pelo formando una bella cola de pavo real y el flequillo ligeramente despeinado parecía Veruschka von Lehndorff en “Blow-Up”. Estaba muy cansada y le dijo a Federico que quería dormir un poco. Resulta que su jefe la despertó de madrugada porque un cliente la reclamaba y no había descansado nada. Federico se acostó a su lado e hizo ver que dormía, pero en realidad se puso a imaginar que la espalda desnuda de Sukie era el Kilimanjaro y que los dos lo subían por la ruta Machame montados en un Bongo. Una vez llegaron a la cumbre glaciar, Federico se levantó y decidió atar a Sukie y llevársela con él al castillo que su familia tenía en el Bierzo. Para despistar a la policía y a los mafiosos pensó que podrían esconderse unos días en Collserola y preparar la huida. Rápidamente fue a buscar al taxista, que aún se encontraba en el lugar del accidente con unas heridas muy feas, lo sacó del asiento y cogio el coche sin saber muy bien qué botones y palancas utilizar. El caso es que esto no es una historia basada en hechos reales ni busca la verosimilitud, con lo cual diremos que en escasos minutos llegaron a la zona del Vallès. Federico abandonó el vehículo en un colegio de niños bien y robó una Bonneville de una urbanización, después se dirigieron hacia el encinar cubierto de lianas y fuentes. Una vez allí, Sukie se despertó y al verse en esa situación pensó que Federico estaba interesado en practicar el bondage, lo cual le pareció gracioso. Cuando se lo contó todo, le pegó un puñetazo en la barbilla y luego al ver su cara le dijo “sorry” con acento de Shangay y lo abrazó. Anduvieron un rato hasta que encontraron un lugar en el que había una mata de aguileñas y después de supervisar que no se encontrara ninguna abeja en sus flores, treparon los dos por el tallo y se escondieron en uno de los espolones. Con los estambres de la flor bloquearon la entrada y colgaron un cartel de “Por favor, no molestar”. Sukie aprovechó para retocarse el maquillaje y Federico para desnudarse. Cuando ya estaba lista, se giró y vio que el lingam de su compañero parecía un cohete Soyuz a punto de despegar desde Baikonur y tal fue su asombro que sus ojitos se volvieron redondos como los de un tarsio. Mientras tanto, el jefe de Sukie fue informado de la situación estando sentado en el sofá de su casa disfrutando de una película de Johnnie To. Cuando esta terminó llamó a sus secuaces y se prepararon para la acción. Federico iba a pagar cara su osadía y el hecho que bloqueara el correo electrónico con miles de centenares de mensajes amenazadores en los que se podía leer “Deja en paz a mi chica, boquerón, sino te haré picadillo y te regaré con Dom Pérignon”.
Thee Headcoatees – My boyfriend’s learning karate
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